Un cumpleaños atípico

feliz cumpleaños a mí

feliz cumpleaños a mí

Acabo de cumplir 31 años. No hay drama, me siento joven aunque la nueva edad haya llegado con algunos achaques. 😉

El viernes hice una pequeña reu en mi depa en la que pude disfrutar de las buenas compañías: mis compañeras de trabajo, mis hermanos (léase hermanos, cuñados, concuñados, futuro cuñado), mis amigas del cole, de la universidad, de la vida, mis primos. Aunque la verdad es que extrañé a varios, pero… ¡va! entiendo y siempre he entendido que cumplir años en enero (#veranopleno) es una vaina porque todo el mundo fuga. De niña el drama era que mis amiguitos (o yo) estaban en plena mudanza (#lavidamilitar) y de grande entendí que todos esperan los viernes con ansias para poder irse a la playa. Felizmente disfruté al máximo mis cumpleaños de adolescente, cuando no importaba el día de la semana que cayera, igual todos podían caer en mi casa y festejar conmigo (#recuerdosquenovoyaborrar).

En fin, volviendo a lo que iba… despedí mis treinta súper feliz, no solo con la minireu sino haciendo uno de los viajes que más prometí y esperé: Paracas con Pepe y mis sobrinas mayores (#caro&lu). Desde que Pepe pidió mi mano ellas se ilusionaron con conocer el lugar y recién este año hemos logrado concretar la aventura.

Y sí que valió la pena la espera porque la pasamos espectacular: sentir que los 4, con nuestras diferentes edades y personalidades, somos compinches fue mi mejor regalo. Cantar en el carro a toda voz, reírnos de todo y de nada, disfrutar lo simple y hermoso de la vida, como los paisajes y el aire fresco; sorprendernos con cada playita; disfrutar el sol y el mar en familia… ¡ha sido lo mejor! Gracias, pequeñas, por regalarme su tiempo, su cariño y sus abrazos. Y gracias, esposo, por hacer que este viaje sea inolvidable para todas con tus ocurrencias, tu supermega organización de todo, tu perfecta administración de los tiempos, tus lecciones de manejo para adolescentes y tu eterna sonrisa estabilizadora. Eres el mejor esposo y el mejor tío del mundo.

***

Y como para demostrar que la mejor estrategia para ser feliz es vivir el momento, les cuento que felizmente celebré por anticipado, pues el mero-mero 13 de enero; o sea, mi día, ¡estuve en la clínica! No sé qué me pasó, pero tuve una especie de alergia o intoxicación no sé a qué ni porqué, pero me tuvieron que poner una inyección y tuve que cuidarme y estar en (auto)observación. ¡Una vaina! Lo curioso es que, pese a no poder celebrar, tuve visitas espontáneas y especiales. Por ejemplo, llegó a visitarme mi papá (con quien por fin estoy “amistada”) y minutos después, “de la naaada”, llegó mi mamá. Increíblemente salimos los tres a almorzar y en verdad que fui feliz por sentir tanta armonía. En la nochecita mis hermanos vinieron a ver cómo seguía y terminamos todos echados en mi cama conversando y celebrando de una forma diferente. Yo los veía brindando y aunque yo no podía tomar, volví a sentirme feliz.

No me puedo quejar, he tenido un cumpleaños lindo que ha durado casi una semana. Desde el viernes he recibido sorpresas, abrazos, llamadas, mensajes, canciones, regalos, tiempo, detalles y momentos especiales. ¡Me siento bendecida, así que saluuuud por mí!

Fue un cumpleaños atípico, pero tuve el mejor regalo: mi familia inmensa, varios días seguidos, sus principales integrantes y mucho amor.

Zambos en Cusco

Era nuestra primera vez en Cusco. O sea, la primera vez juntos.

Yo tengo los mejores recuerdos de esa ciudad porque viví en ella los años 1990 y 1991 y aunque era niña (gracias a mi buena memoria) tengo un millón de imágenes de esa época. La vida cotidiana en la villa militar de coripata, los desfile cívico-militares en plena época del terrorismo, los paisajes coloridos, el granizo, el chofer Raúl que nos mostraba toda la ciudad, la señora Marcelina que me llevaba a comprar al mercado, el balcón de mi cuarto que tenía una vista maravillosa, mi colegio, las visitas que llegaban casi todos los meses, la cercanía y complicidad con las demás familias de la villa, los paseos en Urubamba, etcétera, etcétera, etcétara. Y Pepe, por su lado, también había ido con su familia pero hace años. Nunca juntos.

Así que era nuestra primera vez en la ciudad imperial, nada más emocionante. Obviamente compramos los pasajes de inmediato el mismo día que Rocío me contó que se casaba y estuvimos esperando largos meses que llegue la fecha.

Viernes en la tarde ya estábamos trepados en el avión que no se demoró casi nada en llegar, aunque dimos varias vueltas antes de aterrizar porque el clima estaba un poco indeciso. No teníamos hotel porque le propuse a Pepe tener un poco de aventura, jajajaja. Felizmente que el plan no salió tan mal, ya que Casa Andina nos propuso 50% de descuento en su hotel de San Blas y aprovechamos para ir a descansar y alejar el soroche de nosotros. Un par de horitas fueron suficinetes para acostumbrarnos y estar tranquilos. Por supuesto añadimos a la receta un par de mates de coca y listo, ya estábamos aptos para salir a caminar.

Caminamos juntos por San Blas, me amarré las manos para no sacar la billetera y comprarme todas las artesanías de cuellos larguísimos de Mendivil que tanto me encantan (#tranquila-ya-vendrán-tiempos-mejores). Respiramos el aire frío y caminamos de la mano, abrigaditos mirando todo como verdaderos forasteros, disfrutando cada paso como si nunca hubiésemos estado ahí.

Cuando llegamos a la Plaza Regocijo, reconocí el restaurante El Truco, que era el top cuando vivía allá con mi familia, pero ahora estaba un poco destronadito porque Chicha, el de Gastón, queda exactamente encima y tiene comensales para regalar. Tuvimos suerte y en medio de tanta reserva nos pudieron armar una mesa de dos y probamos los platos. Ricos, la verdad. Yo me pedí un linguini ligerito y Pepe un salvaje lomo saltado. Lo que más me gustó fue el pan de camote que nos sirvieron para empezar. Ahhh… y también la chicha.

Terminamos el día uno sentados en la Plaza de Armas, conversando con una niñita que se me acercó a pedirme mis zapatillas (eran de color verde chillón y le gustaron). Muy graciosa la niña, nos contaba chistes, nos hablaba de su colegio, de su mamá y después de cuarenta minutos de amistad improvisada logró que le compremos un chullo.

Aprobadísimo el Casa Andina por la comodidad y también por su atención. Lo único que le faltó fue el pancito serrano en el bufet del desayno. En fin, emprendimos el camino hacia Urubamba el sábado a las 9 de la mañana en un taxi. Una hora y pico y llegamos por fin al hotelito que sí habíamos reservado: Las Chullpas Eco Lodge , un albergue lindo rodeado de naturaleza y bendecido con el silencio de las alturas. Ahí mismo se alojaban también Ale y Diego y Vane (entre otros), amigos nuestros; así que nos cambiamos pronto para salir en mancha al matrimonio de Jose y Ro. De hecho a les contaré en otro post lo lindo que salió todo.

El domingo, post matri, regresamos a la ciudad para poder hacer más cosas antes de regresar a Lima. Con maletas en mano caminamos por las calles empedradas hasta que dimos con un hotelito económico a media cuadra de la plaza principal. Dejamos nuestras cosas y salimos a caminar.

Almorzamos en El Meson de Espaderos, otro de los típicos de cuando vivía allá. Parrillada, salad bar libre y por supuesto una truchaza a la parrilla que estaba más que bien.

Lanzarnos a hacer un tour o a irnos más lejos hubiera sido inútil con el poco tiempo que teníamos, por eso preferimos tomar el turibus que pasea por los principales lugares, a manera de mirar todo desde otra perspectiva. Y valió la pena, por veinte soles tuvimos un paseo cómodo de casi una hora.

Tras la respectiva minisiesta, volvimos a caminar por plazas y descubrimos Pedazo de Arte, una galería de artesanías muy simpática y novedosa, cuya propietaria y diseñadora principal es una japonesa que reside en Cusco hace más de veinte años: Miki Suzuki. Nos encantaron las cositas y compramos postales, recuerditos y dos objetos particularmente tiernos que Pepe decidió poner en la sala: una alpaquita y una ovejita de lana real que ahora nos acompañan en casa para recordarnos que tenemos que volver a Cusco pronto.

Pizzita en Marengo (con nuevo local) y a dormir porque teníamos que despertarnos antes de las seis y a mí se me había ocurrido la maravillosa idea de ir de frente a trabajar.

Estar en Cusco con Pepe ha sido genial, no exagero si confieso que la sentí como una segunda luna de miel. Pura paz, pura conversa (prohibimos llevar iPads), pura risita y relax. Fines de semana que parecen eternos, momentos que nos hacen querernos más. Mi compañero de vida es un éxito y con él es imposible pasarla mal.

Ya volveremos por más. Asap.

zambos en Cusco

zambos en Cusco

Comiendo en Chicha

Comiendo en Chicha

cerca al Xto blanco

cerca al Xto blanco

cielito lindo

cielito lindo

Pepe @ Chullpas Eco Lodge

Pepe @ Chullpas Eco Lodge

torito

torito

IMG_0056

de mil colores

de mil colores

pura tranquilidad

pura tranquilidad

Las Chullpas Eco Lodge

Las Chullpas Eco Lodge

@chullpas

@chullpas

IMG_0066

IMG_0323

IMG_0325

BeFunky_IMG_0206.jpg

BeFunky_IMG_0182.jpg