Don de fluir en Barranco

Barranco es lindo. Me recuerda a mi niñez-adolescencia porque, aunque he sido “chorrillana”, la villa estaba muy cerca del distrito más bohemio de Lima. Y recuerdo sus calles, sus árboles, sus colores, su aroma, las caminatas con mi mamá y las escapadas con mis amig@s.

Me encanta volver, sobre todo cuando la tarde es propicia y el ánimo invita a salir a caminar, a conversar, a mirar… a ser.

Fui con mis compañeritas Daph & Ani. Y muy rico el 305 Sur y lindo caminar por Osma, Colina y San Martín. Caer por el Centro Colich y refrescarnos con puro arte y seguir andando hasta Ojo de Pez para inspirarnos con algo más. Y media vuelta para la hora del té (nuestra hora del té). Aunque para mí cero infusiones y muchas calorías, porque el milkshake de lúcuma y el brownie de choco belga de La Bodega Verde me eran irresistibles desde que leí la lista (#perdónamedieta). Terminar la tarde probándonos ropa como niñitas alborotadas en Las Traperas #notieneprecio.

Por esta vez faltó malecón y otros recovecos. Pero igual, mucho don de fluir.

Lalalalalalalalalaaaaaaa…