Gracias, Lorena

Por regalarme el embarazo soñado, sin molestias ni complicaciones.
Porque me dejaste dormir como más me gusta hasta casi tus siete meses en panza.
Por esas madrugadas en que abría mis ojos y me dedicaba a descubrirte, sentirte e imaginarte.
Gracias por haber puesto a prueba mi fe, o mejor dicho,  por haberme enseñado que los tiempos de Dios son perfectos.
Gracias porque me dejaste trabajar cómoda y contenta hasta casi-casi el último día.
Gracias porque cuando estaba nerviosa entrando a la sala de operaciones te hiciste sentir y recordé que mi tranquilidad era la tuya… y nos fue bien.
Gracias por tu llanto al nacer, porque pude saberte tan real.
Gracias por esa primera madrugada difícil, llena de llantos y hambre, en las que aprendimos a ser un equipo.
Gracias por aquel primer día en que nos quedamos completamente solas y supe que, así tan diminuta, eras el regalo más grande de mi vida.
Gracias por parecerte a tu papá, porque me recuerdas lo enamorada que estoy de él.
Gracias también por empezar a parecerte a mí, me hace feliz saber que eres nuestra mejor combinación.
Gracias pequeña, por adaptarte a nosotros.
Gracias por mirarme con amor y regalarme paciencia cuando parece que se acaba.
Gracias por nuestras primeras charlas en forma de balbuceos, me confirman que seremos grandes compañeras de tertulia… y de vida.
Gracias por devolverme el interés por investigar todo, solo para darte lo mejor.
Gracias por decretar que el mejor look para mí es el que sea más cómodo para alimentarte.
Gracias por escucharme cantar desde cri-cri hasta pimpinela, pasando por drexler, calamaro y ni voz no voto sin siquiera llorar.
Gracias porque desde pequeña has entendido que tienes un familión y te adaptas a tanto ruido y conversa.
Gracias Lorena, porque eres mi ilusión de cada mañana. Porque aunque esté cansada, mis energías no se acaban cuando tengo que atenderte. Gracias porque mi mundo se ha llenado de ternura y porque tengo ganas de ser mejor. Quiero dejarte un mundo más amable, más bonito y pacífico… y me esforzaré por dejar mi grano de arena. Lo voy a hacer por ti.
Gracias hijita. Sé que algún día me leerás… y cuando eso pase tendré aun más razones para agradecerte y para disfrutar.
Feliz tercer mes de nacida. Sí, yo muy feliz.

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Un cumpleaños atípico

feliz cumpleaños a mí

feliz cumpleaños a mí

Acabo de cumplir 31 años. No hay drama, me siento joven aunque la nueva edad haya llegado con algunos achaques. 😉

El viernes hice una pequeña reu en mi depa en la que pude disfrutar de las buenas compañías: mis compañeras de trabajo, mis hermanos (léase hermanos, cuñados, concuñados, futuro cuñado), mis amigas del cole, de la universidad, de la vida, mis primos. Aunque la verdad es que extrañé a varios, pero… ¡va! entiendo y siempre he entendido que cumplir años en enero (#veranopleno) es una vaina porque todo el mundo fuga. De niña el drama era que mis amiguitos (o yo) estaban en plena mudanza (#lavidamilitar) y de grande entendí que todos esperan los viernes con ansias para poder irse a la playa. Felizmente disfruté al máximo mis cumpleaños de adolescente, cuando no importaba el día de la semana que cayera, igual todos podían caer en mi casa y festejar conmigo (#recuerdosquenovoyaborrar).

En fin, volviendo a lo que iba… despedí mis treinta súper feliz, no solo con la minireu sino haciendo uno de los viajes que más prometí y esperé: Paracas con Pepe y mis sobrinas mayores (#caro&lu). Desde que Pepe pidió mi mano ellas se ilusionaron con conocer el lugar y recién este año hemos logrado concretar la aventura.

Y sí que valió la pena la espera porque la pasamos espectacular: sentir que los 4, con nuestras diferentes edades y personalidades, somos compinches fue mi mejor regalo. Cantar en el carro a toda voz, reírnos de todo y de nada, disfrutar lo simple y hermoso de la vida, como los paisajes y el aire fresco; sorprendernos con cada playita; disfrutar el sol y el mar en familia… ¡ha sido lo mejor! Gracias, pequeñas, por regalarme su tiempo, su cariño y sus abrazos. Y gracias, esposo, por hacer que este viaje sea inolvidable para todas con tus ocurrencias, tu supermega organización de todo, tu perfecta administración de los tiempos, tus lecciones de manejo para adolescentes y tu eterna sonrisa estabilizadora. Eres el mejor esposo y el mejor tío del mundo.

***

Y como para demostrar que la mejor estrategia para ser feliz es vivir el momento, les cuento que felizmente celebré por anticipado, pues el mero-mero 13 de enero; o sea, mi día, ¡estuve en la clínica! No sé qué me pasó, pero tuve una especie de alergia o intoxicación no sé a qué ni porqué, pero me tuvieron que poner una inyección y tuve que cuidarme y estar en (auto)observación. ¡Una vaina! Lo curioso es que, pese a no poder celebrar, tuve visitas espontáneas y especiales. Por ejemplo, llegó a visitarme mi papá (con quien por fin estoy “amistada”) y minutos después, “de la naaada”, llegó mi mamá. Increíblemente salimos los tres a almorzar y en verdad que fui feliz por sentir tanta armonía. En la nochecita mis hermanos vinieron a ver cómo seguía y terminamos todos echados en mi cama conversando y celebrando de una forma diferente. Yo los veía brindando y aunque yo no podía tomar, volví a sentirme feliz.

No me puedo quejar, he tenido un cumpleaños lindo que ha durado casi una semana. Desde el viernes he recibido sorpresas, abrazos, llamadas, mensajes, canciones, regalos, tiempo, detalles y momentos especiales. ¡Me siento bendecida, así que saluuuud por mí!

Fue un cumpleaños atípico, pero tuve el mejor regalo: mi familia inmensa, varios días seguidos, sus principales integrantes y mucho amor.