La fiesta que soñamos

Y pensar que más de una vez se me pasó por la cabeza la posibilidad de no tener fiesta para evitar el gasto. ¡Ay, ay, ay! Cuánto me hubiera arrepentido si no celebraba a lo grande el inicio de esta maravillosa etapa.

Hoy, que cumplimos 9 meses de casados, quiero hacer una pausa en mi día para recordar con palabras la mejor fiesta de mi vida.

Los ingredientes para un buen festejo son: ganas de divertirse, invitados buena onda y, por supuesto: ¡un gran motivo para celebrar! Entonces, teníamos lo principal.

Pero la historia de la fiesta empieza mucho antes del “día d”. Hay un montón de decisiones que tomar, muchos detalles que elegir, consejos a tener en cuenta… y plata para ahorrar.

Así que lo primero que hicimos fue un cronograma de ahorro mensual, para no tener que pagar deudas después del matri. Fuimos muy organizaditos y responsables, lo que nos permitió soñar un poco.

Para el catering elegimos el servicio de Lourdes Cook, una chef muy comprometida y minuciosa que, aunque a veces me hacía renegar, plasmó todo lo que le pedimos en detalles que hicieron la diferencia. Una buena decisión fue decidir las cosas solos y sin presiones sociales. Es decir, no porque todo el mundo tuviera “hora loca” nosotros teníamos que tenerla… o no porque en todos los matrimonios había bar abierto nosotros íbamos a querer lo mismo. Por eso siento que fue una fiesta con nuestra personalidad: sin que haya despliegues espectaculares, fue ESPECTACULAR.

El lugar también fue otro tema. Dimos muchas vueltas por Lima para elegir “el sitio”. Hasta que el tío Pepe y la tía Mary generosamente nos prestaron su linda casa. Creo que en ningún otro lugar hubiera quedado todo tan perfecto. Incluso las fotos de recién casados nos las tomamos allí y por eso se ven tan acogedoras.

Antes de nuestro ingreso a la fiesta, hicimos que los invitados vean un video. Ese video lo hizo mi cuñado Juan Francisco, con el ingenio que lo caracteriza, nos mostró ante todos en nuestras diferentes etapas… hasta que la vida nos hizo coincidir. Ese video fue especial y quedó perfecto. Por eso, pronto lo compartiré en este blog.

Y así, cuando entramos a la fiesta, el ver todo tan perfecto, las mesas, los colores de la decoración, los espirales de luces que colgaban desde el toldo, la pista de baile que aguardaba por nosotros, las mesas del bufet tan perfectamente armadas, las flores, todo, todo, absolutamente todo.

Pepe y yo bailamos el vals. Y luego entraron nuestros papás y hermanos para hacer lo mismo. Luego volvimos a bailar juntos porque la idea era que así empezaría la fiesta… treinta segundos más de baile lento y luego arrancaría la orquesta… pero… ¡ese fue el único pero que le pongo a la fiesta! La orquesta no estaba lista, los músicos no estaban completos y después de un silencio incómodo en el que tuve que improvisar unas palabras de agradecimiento… pusieron música del equipo para ir bailando.

Pepe estaba molesto, recuerdo verlo renegar. Pero yo lo saqué a bailar feliz… porque estaba eufórica. Me sentía contenta, alegre… y sentía que mi sonrisa era inacabable. Y así, nos olvidamos de todo, y empezamos a disfrutar la fiesta, nuestra fiesta, la que habíamos soñado.

Bailamos toda la noche. Yo subida en mis zapatos taco 9 me sentía en las nubes. Lo más bonito de todo era que teníamos a nuestros seres más queridos y cercanos ahí, compartiendo con nosotros el inicio de nuestra unión. Ver a mis amigos del colegio, del parque, del trabajo, de la universidad, de la vida. Ver a mis primos en pleno, a mis hermanas, sobrinas… a todo el mundo… eso me hacía feliz.

Lo mejor de la noche fue nuestro concierto privado… en el que NI VOZ NI VOTO  (el grupo de Pepe y sus amigos) subió al escenario para tocar dos canciones. Claro que ahora que veo el video de ese momento, yo estaba bien subida ahí, bailando completamente otro ritmo. Pero bueno, quiero pensar que era la euforia la que confundió mis pasitos. El hecho es que ver a mi flamante esposo con su trajecito de novio tocando la batería con toda su fuerza me llenó de energías. Creo que ese momento tan bonito y especial coronó nuestra fiesta de matrimonio.

La mejor fiesta de mi vida fue esa en la que estaba mi familia, mis amigos, mis nuevos parientes.  La mejor fiesta de mi vida fue esa en la que, vestida de blanco, bailé con el chico más guapo toda la noche y en la que subí al escenario a cantar una canción que me sabía de memoria desde antes de conocer a Pepe (Soñadores de NVNV)… la mejor fiesta de mi vida fue en la que abracé a todas mis personas favoritas. Dicho de otra manera, en la fiesta del 24.09.10 empezó la mejor fiesta de mi vida.

Nuestra fiesta de matri

Con Ni Voz Ni Voto en la fiesta de nuestro matri ❤