¡Feliz cumpleaños, mi amor!

Tus 35.

Tu último cumpleaños de soltero.

Nuestro primer cumpleaños como pareja.

Un día feliz, memorable, significativo… ESPECIAL.

 Te regalo besos al por mayor,

apachurres hasta que te canses…

y el compromiso de hacerte feliz todos los días de mi vida,

sobre todo cuando sea mayo y el calendario marque 30.

Te amo, mi zambi.

Todas mis energías para ti y que vengan muuuuchos años más para celebrar (juntos).

Y de repente, un ángel

Yo creo en los ángeles. Siempre he sentido su presencia en mi vida. Los he visto. Los he sentido. Los tengo al lado. Creo en los ángeles porque tengo fe. Y también porque tengo uno que me cuida, que me protege, que me acompaña… que es  mi dulce compañía.

En mi primer ciclo de la universidad, cuando compartía aulas con dos amigas que hasta ahora son muy especiales, nos encargaron hacer una monografía para el curso Estrategias para el Aprendizaje. El tema era libre y las tres elegimos investigar sobre esos seres inmateriales. Indagamos en muchas fuentes y, curiosamente, en las reuniones de grupo que organizábamos iban saliendo anécdotas e historias sobre  nuestras propias experiencias con los ángeles. Desde que era chiquita recuerdo haber sentido esa presencia celestial. He estado en unas cuantas situaciones claramente peligrosas: coches bombas, atentados y un par de accidentes de tránsito y siempre he salido bien librada, sin rasguño alguno.

Los ángeles actúan como mensajeros de Dios. Y cada vez que me han salvado he confirmado que Dios quiere que me siga encontrando conmigo misma, que agradezca, que le sonría a la vida, que encuentre mi misión en este mundo. Felizmente hasta el momento me ha ido muy bien.

Me imagino a los ángeles cara de niños, vestidos con ropa en colores pastel y con una permanente sonrisa aliviadora en el rostro. Los imagino con una sonrisa sabia. Y aunque en mis experiencias no asomaban con ese aspecto, estoy segurísima de que en muchos casos fueron personas de carne y hueso las que se  me presentaron como ángeles, para calmarme, rescatarme, acompañarme y apoyarme siempre. A veces mis papás fueron mis ángeles… porque intervenían por mí en los instantes más importantes de mi vida; mi abuelita también es un ángel para mí: lo fue en vida y lo sigue siendo ahora que me acompaña y que aparece en mis sueños para acariciarme el pelo y decirme que le diga a mis hermanos, primos, mamá y tías cuánto los quiere; los han sido esos amigos que acudían a mí con tan solo una llamada telefónica (o mental) para caminar a mi lado, contarme un chiste o hacerme escuchar una buena canción.

Pero mi ángel favorito se llama Pepe y estoy enamorada de él. No exagero al definirlo así porque desde que apareció en mi vida se mostró transparente y cuerdo. Totalmente sabio y bueno. Cuidadoso y amable. Dicen que los ángeles son mensajeros… y Pepe siempre ha tenido los mejores mensajes para mí: gracias a él retomé las riendas de mi mundo emocional, aprendí que no hay que juzgar, que hay que querer mucho, que hay cultivar el alma y la fe. Que hay que amar sin esperar nada a cambio. Pepe es inteligente y sensible, y con esa combinación de virtudes no pude evadir el sentimiento maravilloso que nos une hoy. Yo confío en él, me siento feliz de tan solo saber que existe. Realmente me envuelve con ternura y sensatez. Pepe es mi ángel.

Y hoy, que son las tres de la madrugada y estoy físicamente lejos de él, pensaba en cómo desde que lo conocí se ha comportado como eso, como un ángel. De repente recordé situaciones y sonreí. Porque aunque no todo ha sido alegría (como toda pareja, hemos tenido altibajos), siento esa dulce fuerza. Es seguridad, es compromiso, es confianza. Es amor. Me siento tan conectada y protegida que necesitaba agradecerle por representar a esa dulce compañía que existe para recordarme día a día que sí se puede ser feliz.

p.d. Solo para ti, zambi: ¿Recuerdas cuando éramos solo amigos y estábamos segurísimos de que nuestros ángeles eran cómplices? Creo que lo han demostrado. Te amo.