Pie derecho

Recibiendo el año con champagne, uvas y mar
 
No hubo mucho sol, es cierto. Pero con el tiempo uno se da cuenta que lo importante no es el ambiente sino la persona que tienes al lado… y así, ambos estábamos felices de tenernos.
Empecé el 2010 sonriendo.
 
Pepe y yo habíamos planeado una vez más un viajecito. Esta vez fuimos en Valiente con rumbo norte. Lo conversamos unos días antes, buscamos algunos datos en internet y nos decidimos por un hospedaje en Caleta Vidal (km 180 Panamericana Norte) cuyo nombre desde el inicio nos pareció curioso y risible: “Tío Rico”. Estábamos ansiosos de averiguar el porqué de la jactancia. El jueves 31, el último día de 2009, me tocó trabajar y realmente sí tuve muchas cosas que hacer, el problema es que el día estuvo acompañado de un dolor impetuoso y espasmódico cada vez que iba al baño. Me concentré y le pedí a mis angelitos que sean cómplices y me alivien la molestia. Quería empezar el año sin dolores, sin contratiempos. Con el pie derecho.
 
Me escapé sin remordimientos un rato antes de la hora oficial de salida. Mi amor: debo decirte que estabas recontra guapísimo con tu look de piloto relajado. ¡Qué buen comienzo! Yo estaba feliz, Pepe también. Partimos y en media hora ya estábamos estacionando en… ¡MegaPlaza! Sucede que teníamos hambre y no estábamos seguros de cuánto nos demoraría llegar a nuestro destino. Mejor ir con la pancita llena. Elegimos Burger King mientras analizábamos cual sociólogos-psicólogos-periodistas el comportamiento en masa de las personas que van, compran, pasean, gilean en ese centro comercial de Lima Norte. Diversión con sabor a hamburguesa con queso.
 
Teníamos el propósito de disfrutarnos plenamente en este viaje de cierre y de inicio. Pusimos música, tuvimos que aguardar un buen rato por el tráfico terrible que se hace en ese tramo de la Panamericana. Yo estaba tranquila, consciente de que no había apuro alguno por llegar a una hora exacta. Pepe renegaba más porque no le gusta estar inmóvil en su carro. Mientras tanto jugábamos a reír, yo lo ponía al día sobre las historias de mis amigas, él opinaba, compramos un libro pirata de Gastón para saber los mejores huariques para cada antojo (lo siento, Gastón, pero era eso o hacer un depósito de miles de dólares en un banco para que me lo obsequien), conversábamos y luego hasta licencia me di para dormir un poco.
 
Siempre soñé con tener una pareja que disfrutara sinceramente con las cosas que me gustan. Siempre soñé con estar con un viajero. Y mi zambo lo es, es un aventurero. Por eso estoy feliz. Entonces, mientras avanzábamos yo lo contemplaba comprobando por los latiditos acelerados de mi corazón que estaba al lado de la persona que tanto he querido y necesitado siempre. Es rico tener esos momentos. Sé que él es, pero me gustan los instantes en los que lo confirmo.
 
Por fin, luego de dos horas de camino, de neblinas y de tímidos rayos de sol asomando… ¡llegamos al km 180! Un letrero verde nos daba la bienvenida a Caleta Vidal. Entramos por la izquierda y seguimos un caminito de trocha no muy extenso. Frente a la plaza estaba el “Tío Rico”. Por fin sabríamos quién y cómo era el tal Miki, dueño del local. Bajamos del carro, entramos a la casita pintada de azul y blanco. Era una casa de decoración setentera, afuera unas perezosas para descansar, adentro un comedor, un cuarto, un pasadizo, la cocina, un cuarto más, un patio y atrás de eso dos habitaciones más a medio terminar. No era un lugar bonito, pero no necesitábamos lujos.
 
Conocimos a Miki, un cuarentón flaquísimo con cara de ­–seamos sinceros­­– LORNA. Se notaba que estaba feliz con la acogida que había tenido su hospedaje sin necesidad de mucha difusión (alguien lo recomendó en internet y el acceso a él fue de lo más fácil), pero pese a esa alegría seguía siendo un poco tímido y lento. Nos enseño el cuarto que habíamos elegido sin ver. Tenía baño propio y eso era lo que queríamos. Luego había una cama de dos plazas con un colchón durísimo y dos camas adicionales un poco más cómodas. Una de ella fue nuestra cama, la otra nos sirvió para acomodar nuestras cosas (Miki nos “pidió prestado” el colchón de esa) y la más grande la usamos para echarnos a ver películas en la laptop.
 
Pepe, fiel a su estilo, revisó las fallas del cuarto. La principal fue una ventanita por la cual podrían vernos desde los otros cuartos. Entonces la tapamos con las malcriadas de El Trome y con una almohada.
 
Pasamos las últimas horas del 2009 conociendo la famosa caleta y recorriendo un poco las zonas aledañas. Se veía bien y se me ocurrió que hagamos fogata en la playa. Fuimos por leña, pero jamás la usamos. Recibimos el 2010 en el mismo hospedaje. Y aquí viene la parte más valiosa de este post:
 
Mi amor, esta vez no describiré más el lugar ni la aventura, tan solo quiero decirte que recibir el 2010 a tu lado me ha llenado de esperanzas y de seguridad. Cada uno de los deseos que nos confesamos mientras comíamos nuestras uvas, cada brindis con champagne, cada abrazo, cada beso, cada fotografía tomada hicieron que este sea el viaje soñado. Recibir un nuevo año junto al amor de tu vida justo en la etapa más linda del enamoramiento no tiene precio. Sé que pasaremos el resto de los años nuevos juntos, pero estoy segura de que nunca olvidaremos este en particular. Y es que sí hubo de todo, aunque no haya habido sol. Dormir a tu lado es un lujo, pese a tus ronquidos (gracias por la buena intención y genial idea de arrullarme con la música de tu ipod y por ser tan creativamente gracioso poniéndote la gutapercha en la boca). Acostarme y despertarme abrazada a ti me emociona y me motiva. Eres mi héroe matacucarachas y matazancudos (se te ve tan comprometido con el mundo cuando te concentras en esa labor). Eres también el Rey de las Curvas cuando manejas (¿te he contado que mi abuelo fue corredor de autos y su alías era ese?, bueno, me gusta cómo suena, pero no seas como él, jajajaja, yo solo quiero que seas el rey de mis curvas). Eres todo lo que quiero en mi vida: mi compañero, mi amante, mi contador de chistes, mi héroe, mi aventurero, mi siempre dispuesto jota. Te amo por eso.
 
Queda pendiente regresar a “Lampay”, esa playita realmente caleta, cuando el sol esté pleno y también cuando tengamos hijos. Queda pendiente un plan de negocio turístico para seguir haciendo patria. Queda pendiente ir a comer a Tato, aunque el Palmero estuvo buenísimo. Queda pendiente comprar una almohada viajera para mí, no es justo que solo tú lleves tremendo almohadón floreado, jajajajaaja. Quedan pendientes más brindis, más amor, más fotos. Queda una vida pendiente. Te amo.
 
 
PD: sé que esperabas más de este post. Por alguna extraña razón me quedé atracada, no por falta de inspiración. Quizás es que siento que ahorita hay otros temas que me rondan en la cabeza y sobre los que escribiré pronto. Ojalá no entristezcas mucho porque esta entrada no está como la imaginabas. I know you, fly.

 

dale, comenta...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s