Amor a color

Viaje a Pucallpa

27-29 noviembre, 2009

 

Pucallpa es un vocablo quechua que quiere decir tierra roja o tierra colorada. Dicen que la ciudad del oriente peruano lleva ese nombre debido a la coloración rojiza de su suelo. Para mí Pucallpa es mucho más que un suelo rojizo, es más que el primer lugar de la selva que he visitado en mi vida. Pucallpa es el primer paraje al que viajé con Pepe y disfruté de principio a fin la felicidad de estar con la persona de tu vida.

***

Habíamos planeado este viaje como dos meses antes. Inicialmente nuestra fecha de vuelo era el 30 de octubre. Esa noche fuimos al aeropuerto, apuradísimos y nerviosos. El tráfico había sido un desastre y llegamos casi con las justas para hacer el registro. Ya estando en pleno Jorge Chávez, y más relajados con respecto al tiempo, nos sentamos a comer en McDonald’s, caminamos un poco y abordamos el avión con calma. Estábamos sentaditos, con el cinturón ya puesto cuando, de pronto, la voz de la azafata retumbó en nuestros oídos: “queridos pasajeros, disculpen las molestias, por problemas con el aeropuerto de Pucallpa no podremos despegar. El viaje se ha cancelado. Váyanse a volar a otra parte. No nos interesan sus vacaciones ni sus sueños estancados. Adiós. No nos llamen, los llamaremos si nos provoca”. Bueno, lógicamente no fueron las palabras exactas pero sí el sentido de las oraciones de esa mujercita que se esfumó como “mi bella genio” una vez que terminó de hablar.

Pepe y yo no podíamos creerlo. Con toda la ilusión que habíamos tenido, con todo lo que habíamos planeado, con la reserva del hotel hecha y sin planes para “jalouin” decidimos no hacernos más colerones y regresamos a mi casa. “Por algo será”, dijeron nuestras mamás cuando les contamos. Esa noche no viajamos a ningún lado, pero brindamos por la anécdota. Al día siguiente Pucallpa era Cieneguilla. Pero esa es una historia aparte.

Por fin concretamos el viaje un mes después. Partimos el viernes 27 de noviembre en la noche. Cuando ya estábamos listos para despegar estaba inquieta. Nunca le he tenido miedo a los aviones, pero esa vez sentía revoltijos de nervios en mi panza. Felizmente tenía a mi jota al lado, lo abracé, me aferraba a él, a su olor y a su voz mientras hacía mis oraciones para que todo salga bien y, por supuesto, no se haga realidad ninguna escena de película de gente perdida en la selva o naufragando en el mar por culpa de un avión piña. Gracias a Dios mi zambo me dio la calma, hizo que abra mis ojos y vea el esplendor de las luces limeñas y luego el espesor de su gris un poco más arriba. Estábamos en el cielo. Por primerísima vez los dos juntos sobre las verdaderas nubes.

Llegamos a Pucallpa como a las diez de la noche. Recién había terminado de llover y sentíamos el vapor en nuestras caras. Recogimos los maletines y tomamos un taxi hasta Arequipa. Así se llamaba el hotel de la primera noche y quedaba en el centro de la ciudad. Fue una noche bonita. El cuarto no era nada del otro mundo, pero estaba limpio y tenía aire acondicionado. Además, lo principal era que estábamos juntos… así que nos abrazamos y nos quedamos dormidos. Jota ronca, ronca mucho. Mi estrategia es darle unos empujoncitos cuando lo hace, él dice que soy muy tosca y que busque otras maneras, que no se da cuenta y que si por él fuera lo controlaría. Creo que tiene razón. Pensé que llegando a Lima debía buscar información sobre los ronquidos y sus soluciones. Yo quiero dormir con jota el resto de mi vida, pero preferiría otra banda sonora para mis noches.

El sábado nos despertamos temprano. La tele se había quedado prendida y los canales de ese cable eran bastante folclóricos para nuestros gustos. Lo solucionamos durmiendo un poco más, luego bajamos a tomar desayuno y esperamos que nos recojan los del “ecolodge” que mi zambito ya había contratado.

A las 10 de la mañana llegó un tipo chato de ojos claros, nos ayudó a cargar los maletines, nos embarcó en un mototaxi y seguimos a su moto hasta el puerto que está a unos 7 km de la ciudad. Por primera vez vimos la impresionante laguna de Yarinacocha. El agua se veía verde, pero clara. Seguramente el tono se lo da toda la vegetación. Es selva, pues. En ese momento no éramos conscientes de que esa laguna sería la compañera perfecta de nuestro viaje ideal. Ahora que escribo esto siento que la laguna es mágica.

Llegamos al albergue donde pasamos una noche y dos días inolvidables. Nos llevó el señor Walter en su lancha y nos recibió Gustavo, un jovencito muy amable y hospitalario que se ofrecía a salir con nosotros en el momento que nos provocara. Nos dio un cuarto provisional, todo era muy rústico y felizmente no había tanto bicho como me imaginé. Dejamos nuestras cosas y regresamos a la lancha. Walter nos llevó a una comunidad artesana. No había nada del otro mundo, pero dado que ya estábamos ahí y que las miradas de las mujeres nos destruían cada segundo con más intensidad Pepe me compró un collarcito que elegí casi a la fuerza y nos fuimos. Después volvimos a la lancha con la promesa de ir a “la jungla”. Jajajaja… resulta que la jungla era solo el nombre de un restaurant turístico a la orilla de la laguna. Había animales, eso sí. Pero en sus respectivas jaulas. Creo que mejor fue así porque cara de buenitos no tenían, sobre todo uno con pinta de gato salvaje que se puso de boca a boca con mi zambo. Del resto de esa tarde recuerdo que regresamos al albergue y por alguna tontería que ya ni recuerdo se nos ocurrió discutir y quedarnos dormidos. Cuando despertamos ya se estaba poniendo el sol. Buen escenario para una reconciliación. El agua ya estaba más calmada y nosotros también. Decidimos no salir más esa noche, cenamos y pasamos una noche muy entretenida y particular conversando por horas a la luz de una linterna. Esos momentos de cercanía no tienen precio.

El domingo despertamos temprano con la banda sonora de cientos de pájaros cantores que pudimos ver desde el balconcito de nuestro nuevo cuarto. Fuimos a desayunar y a Pepe lo devoraron los bichos. Fue tanta su desesperación que tuvo que regresar al cuarto antes que yo. No había agua para bañarnos y decidimos salir así, “a la guerra”. Nos tocó salir con Walter y Gustavo. Esta vez fuimos en busca de osos perezosos. Mientras los buscábamos nos topamos con pájaros de distintos tamaños, colores y silbidos. Hasta que por fin. Nos habíamos demorada más de la cuenta pero lo logramos. A lo lejos se divisaba un pompón plomo. Era un perezoso real. Anclamos el bote cerca a los árboles y Gustavo trepó el árbol hasta bajar al animalito. Por primera vez en mi vida veía a un oso de esa especie. Tenía cara de flojonazo, un pelo completamente tieso, varios insectos silueteándolo y unas garras larguísimas, amarillentas y arqueadas. Así y todo, feísimo el pobre, me dio ternura y hasta lo cargué. Todos hicimos lo mismo y luego lo volvimos a dejar en su hábitat natural, para que se siga rascando la panza con toda su modorra. Ahora que lo pienso… ¿vendrá de ahí la frase “rascarse la panza”? Y es que el oso perezoso es panzón, haragán y tiene unas garrazas. Quizás sí se la pase rascándosela. Tras ese encuentro nos tocó ir a la “playa”.  Paramos a la orilla de laguna y nos dimos un rico chapuzón hasta que sentimos que unos diminutos pececitos nos estaban mordisqueando. Fue, sin duda, una rica mañana. Regresamos al albergue a almorzar y después de un brevísimo descanso nos fuimos a la selva. Ahora sí el plan prometía: nos íbamos a insertar en las profundidades de un bosque de la mera selva. Sí que sí.

Mi zambo estaba más emocionado que yo. Creo que se sentía en uno de los capítulos de Lost, una de sus series favoritas. Sin embargo, si no fuera por la sensación de aventura inicial y el mono que vimos en la entrada (amarrado, por cierto), la selva para mí no tuvo mayor atractivo. El vapor era espeso, la vegetación nos cubría, las hormigas eran del tamaño de mis dedos del pie y los zancudos me volvían loca. Además, tuve la mala suerte de golpearme la cabeza con un tronco. Fue ahí donde decidimos dar media vuelta y regresar. Total, para la aventura ya era suficiente. Desde estas líneas le agradezco a mi zambito por haberme cuidado y por no haberse molestado cuando propuse regresar. Sé que él tenía más ilusión que yo de recorrer los parajes prohibidos, que quería pelear con pishtacos y entrar en discusiones con leones y cocodrilos. Sorry, mi amor, no era mi intención arruinar el plan. De todos modos, yo te veo más valiente y guapo que Tarzán.

Ya se acababa el día. Llegando al albergue nos tomamos una cerveza cada uno. ¡Qué refrescante! Me eché en la hamaca un rato, Pepe se sentó en uno de los bancos hechos de troncos y así empezó a atardecer. Otra vez las aguas mansas y el cielo precioso. Azules, lilas y anaranjados se iban mezclando haciendo gala de las maravillas de la naturaleza. Puedo decir con toda convicción que es un lujo pasar minutos de tu vida en un escenario así, lleno de belleza y con el alma llena también… de mucho amor.

Eran como las siete de la noche y ya a oscuras regresamos al pueblo. Pucallpa nos esperaba en domingo. Y qué tal domingo: discotecas funcionando, música a todo volumen en todas partes, mototaxis bullangueros paseando por todos lados y la Plaza de Armas en un alboroto sin par. Con equipaje y todo entramos a la iglesia, inicialmente para agradecer y salir, pero luego decidimos quedarnos en la misa. Eso me dio paz. Agradecí y también pedí con el corazón en la mano que el amor entre nosotros siempre se mantenga sano y audaz. Después de la bendición nos tocó hacer tiempo en la plaza. Fue divertido, comimos helados, miramos a la gente pasar, y nos abrazamos relajadísimos. Ya nada podía ser mejor. Emprendimos ruta hacia el aeropuerto, el vuelo saldría con retraso, comimos un sanguchito y a la hora de la hora nos subimos al avión. Esta vez ya no más miedo. La sonrisa de oreja a oreja y un par de corazones más vivos que nunca podían echar a andar tremenda maquina voladora. Recargadísimos de energías y convencidos de esta relación Lima nos esperaba con los brazos abiertos. Porque finalmente Lima es Lima y es nuestro hogar, dulce hogar.

 

 

dale, comenta...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s